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La adolescencia es una etapa de la vida durante la cual suceden grandes e importantes cambios a nivel físico, psicológico y social. Estos no solo responden a una interacción compleja entre diferentes hormonas, sino que también tienen que ver con el impacto del medio ambiente. Los medios de comunicación y el significado que la sociedad actual le da a la “belleza”, han hecho que algunas personas desde la adolescencia o inclusive antes, cambien sus hábitos y sus costumbres alimentarias buscando obtener una “imagen y un cuerpo perfecto”.

Es así como los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) constituyen hoy en día la tercera enfermedad crónica más frecuente en mujeres adolescentes. Y aunque clásicamente son patologías descritas en un 90% en mujeres, la mayoría de clase socioeconómica medio-alta y de raza blanca, la verdad es que afectan por igual a todos los estratos sociales y cada vez es más común encontrar hombres y mujeres más jóvenes que presentan un trastorno de este tipo. Se estima que un 5-10% de los adolescentes padecen algún TCA. Aunque los trastornos más conocidos son la anorexia y la bulimia, estos tan solo corresponden al 0,5-1% y 1-5%, respectivamente. La mitad de los TCA son Trastornos Alimentarios no Especificados (TANE).

La anorexia nerviosa se caracteriza por la pérdida de peso inducida que se asocia a malnutrición progresiva, distorsión de la imagen corporal y miedo a la obesidad. En la bulimia nerviosa existen episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos (atracones) que se asocian a una preocupación exagerada por controlar el peso. Tiene una forma purgativa (vomito inducido, uso de laxantes, diuréticos, enemas, etc.) y otra no purgativa (ayuno o ejercicio excesivo). Todos los otros cuadros que no cumplen con la totalidad de criterios para anorexia y bulimia son los llamados TANE.

Los signos y síntomas que se presentan tienen que ver con las conductas que se adoptan para controlar el peso. El aporte energético restringido lleva a detención del desarrollo puberal, ausencia de menstruación, piel seca, caída del pelo, estreñimiento, ritmo cardíaco y presión arterial bajos, piel y manos frías, disminución de masa muscular, irritabilidad, depresión, falta de concentración y retraimiento social, entre otros. Los atracones pueden llevar a ganancia de peso, irregularidades menstruales, crecimiento de las glándulas salivales, letargia, ansiedad, depresión y culpa. Las conductas compensatorias (purgas) se pueden manifestar con pérdida de peso, erosión dental, diarrea, dolor de cabeza, mareos, confusión y ansiedad.

Las pacientes con trastornos de la conducta alimentaria usualmente tienen una autoestima baja, no buscan ayuda y con frecuencia la rechazan. Comúnmente consultan cuando el trastorno ha avanzado. Es por eso que nunca debe considerarse un cuadro de estos como algo leve que puede esperar. Por el contrario requiere de un diagnóstico y un tratamiento temprano lo cual mejora ampliamente el pronóstico. Siempre deberá ser manejado por un equipo interdisciplinario (Médico especialista en adolescencia, Pediatra o Médico Familiar con experiencia, psicólogo, psiquiatra, nutricionista).

Sospeche que un adolescente puede tener un trastorno de la conducta alimentaria si:

• Presenta algunos de los signos y síntomas descritos anteriormente

• Corta en muchos trozos la comida, los distribuye por el plato, mastica mucho tiempo, esconde la comida, saltea comidas o no come en público.

• Realiza ejercicio excesivo de forma compulsiva

• Desaparece luego de comer y se encierra en el baño

• Miente sobre lo que come y busca excusas para no comer

• Tiende a ocultar ciertas partes del cuerpo y usa ropa holgada

• Manifiesta interés creciente en ropa y recuento de calorías de los alimentos

• Demuestra preocupación persistente por su peso y forma corporal

• Empieza a aislarse de sus amigos y/o compañeros.

 

Por: Dr. Ferney Alonso Baquero Quevedo,

Médico Pediatra especialista en adolescencia